Miss World 2026: ¿injusticia o desconocimiento del sistema de competencia?

Publicado el 6 de octubre de 2026, 17:46

Un gesto bastó para encender la polémica. Al término de la final de Miss World 2026, Ayelén Pérez, representante de Paraguay, realizó un gesto de pulgar hacia abajo que rápidamente comenzó a circular en redes sociales. Por el momento en que ocurrió, después de la coronación de República Dominicana, una de las primeras interpretaciones fue que se trataba de una reacción contra el resultado.

Posteriormente, la representante paraguaya concedió declaraciones a distintos medios y explicó su postura. Aclaró que su gesto no estaba dirigido contra República Dominicana, cuya victoria consideró merecida, sino que expresaba su inconformidad con diferentes situaciones vividas durante el certamen.

Sus cuestionamientos apuntaron a distintos frentes: las condiciones en las que se desarrollaron algunas actividades y la propia final, la forma en que percibió el sistema de elección y lo que calificó como injusticias dentro de la competencia. En torno a sus declaraciones también surgió la controversia sobre Filipinas y Vietnam, ante la idea de que la representante filipina debía haber avanzado al Top 6 en lugar de la candidata anfitriona.

Son asuntos diferentes y conviene no mezclarlos.

Los señalamientos sobre las condiciones de las participantes, la exposición al calor o lo ocurrido durante una final afectada por una fuerte tormenta merecen una discusión propia sobre logística, prevención y bienestar de las candidatas.

En este análisis quiero detenerme en otra de las cuestiones planteadas: ¿fue realmente incongruente o injusto el sistema de clasificación de Miss World 2026?

La pregunta resulta especialmente relevante porque la inconformidad no se limitó a Paraguay. Después de la final, seguidores y páginas especializadas de distintos países —particularmente en América Latina— cuestionaron la ausencia de algunas candidatas y comenzaron a plantear que determinadas representantes “merecían” clasificar por encima de otras.

En varios casos, el argumento se apoyó en supuestas tablas de puntuación construidas durante la concentración a partir de los resultados obtenidos en los diferentes retos.

Y ahí comienza el problema. Porque una cosa es cuestionar una decisión del jurado, preferir a una candidata sobre otra o pedir mayor transparencia en los criterios de evaluación. Otra muy distinta es afirmar que una candidata “debía clasificar” porque tenía más puntos, cuando esos puntos nunca formaron parte del sistema oficial de elección.

Para hablar de injusticia, primero necesitamos responder una pregunta básica: ¿Cómo se elegía realmente a las candidatas en Miss World 2026?

Las tablas de puntos que Miss World nunca estableció

 

Durante las semanas de competencia comenzaron a circular en páginas especializadas y redes sociales distintas tablas que asignaban puntos a las candidatas dependiendo de sus avances en los diferentes retos.

Llegar a un Top 24, un Top 12 o destacar repetidamente en determinadas actividades comenzó a traducirse en una especie de clasificación acumulativa.

Como ejercicio de análisis puede resultar interesante. Permite medir presencia, consistencia e incluso construir pronósticos, pero existe un problema fundamental: Miss World nunca anunció que esas puntuaciones determinarían la clasificación. La organización presentó desde las primeras etapas de la concentración, antes de que comenzaran los retos, un sistema diferente. No había una tabla acumulativa de puntos, había rutas de clasificación.

Así funcionaba realmente el sistema

Las 111 participantes fueron distribuidas en cuatro regiones: América y el Caribe, Asia y Oceanía, Europa y África. El primer gran corte sería un Top 40 integrado por 10 representantes de cada región.

- Cinco competencias otorgaban clasificación directa a sus ganadoras continentales: Top Model, Head-to-Head, Beauty With a Purpose, Multimedia y Voto Popular.

- Existían además dos retos con una sola ganadora global: Deportes y Talento. Si una de esas ganadoras pertenecía a determinada región, ocupaba también uno de sus diez lugares.

- Todo espacio que no hubiera sido obtenido mediante esas vías sería completado mediante selección del jurado.

Es decir, desde el principio se sabía que ganar un reto podía garantizar una plaza concreta, pero que una parte importante de la clasificación dependería directamente de la valoración del jurado. Y así se aplicó durante la competencia.

América: diez lugares y demasiadas candidatas competitivas

El caso de América y el Caribe resulta especialmente útil para entender la controversia posterior.

Antes de que el jurado completara el Top 40 ya estaban clasificadas:

Canadá, por Voto Popular; 
Puerto Rico, por Deportes;
República Dominicana, por Top Model;
Trinidad y Tobago, por Head-to-Head;
Guyana Francesa, por Multimedia;
y Belice, por Beauty With a Purpose.

Seis de los diez lugares regionales ya estaban ocupados. Por tanto, al jurado solamente le quedaban cuatro espacios. Los seleccionados fueron Perú, Brasil, Argentina y Estados Unidos.

Esto significa que Paraguay, Venezuela, Chile, Bolivia, Colombia y otras representantes con cualidades y seguidores tenían que competir por un número extremadamente reducido de lugares. Algunas necesariamente quedarían fuera.

De hecho, antes de la final ya podía anticiparse que América tendría candidatas competitivas que no entrarían al Top 40. No había espacio para todas y aquí aparece una pregunta fundamental:

¿Con qué fundamento podemos afirmar que Paraguay o Venezuela “tenían más puntos” y debían ocupar alguno de esos cuatro lugares, si Miss World nunca utilizó esa tabla de puntos?

Podemos considerar que alguna de ellas tuvo un mejor desempeño. Podemos decir que nosotros la habríamos seleccionado. Podemos argumentar sus fortalezas frente a las cuatro elegidas. Pero eso sigue siendo nuestra valoración, no la demostración de una regla incumplida.

El desempeño completo también cuenta

Existe además un aspecto que resulta incómodo para una parte de la conversación latinoamericana, pero que tampoco debería omitirse del análisis.

Durante el Head-to-Head, Paraguay y Venezuela fueron las únicas representantes latinoamericanas que no lograron desarrollar su intervención en inglés.

Esto no significa que hayan quedado eliminadas por esa razón. Miss World nunca informó que ése fuera el motivo y sería incorrecto atribuírselo al jurado. Tampoco significa que hablar inglés garantice una clasificación. Pero si pretendemos evaluar integralmente el desempeño de una candidata, no podemos contabilizar únicamente sus fortalezas y eliminar del análisis aquello en lo que presentó dificultades.

Miss World lleva años colocando la capacidad de comunicación en un lugar relevante. Su ganadora no recibe solamente una corona: durante un año se convierte en representante internacional de una organización vinculada con proyectos sociales, medios de comunicación, relaciones públicas y actividades en diferentes países.

Las exigencias de los certámenes evolucionan.

Que hace décadas una candidata pudiera ganar sin dominar el inglés no significa que las condiciones competitivas sean idénticas hoy. Una candidata compite frente a las exigencias del Miss World que está disputando, no frente a las que existían hace veinte o treinta años.

Ganar un reto no significaba acumular derechos para siempre

Este punto resulta indispensable para comprender lo ocurrido posteriormente con otras candidatas. Un reto otorgaba un beneficio específico dentro de una determinada etapa. No significaba acumular puntos para utilizarlos indefinidamente durante toda la competencia ni garantizaba avanzar automáticamente en los cortes posteriores.

La estructura del Top 20 lo demuestra.

Las dos candidatas seleccionadas entre las ganadoras continentales de Beauty With a Purpose —Malasia y Zimbabwe— obtuvieron pase directo al Top 12. Para la siguiente fase, Zambia avanzó por Multimedia, Filipinas por Head-to-Head y Francia por Top Model. El resto fue completado por el jurado manteniendo el equilibrio regional previsto por el sistema.

En América y el Caribe ninguna representante obtuvo uno de esos pases por reto hacia esta fase. Por ello, sus cinco lugares fueron determinados por el jurado: Perú, Estados Unidos, Argentina, República Dominicana y Brasil. En Asia y Oceanía, el jurado seleccionó a Islas Cook, China y Vietnam. En África, a Senegal, Kenia y Sudáfrica. Y en Europa, a España, Bélgica, Gibraltar y Ucrania.

La distribución no respondió a quién había acumulado una mayor cantidad de supuestos puntos. Respondió a las vías de clasificación establecidas y, en los espacios restantes, a la decisión del jurado.

El Top 12 vuelve a demostrarlo

La conformación del Top 12 siguió nuevamente la estructura anunciada. Malasia y Zimbabwe ya estaban clasificadas directamente por Beauty With a Purpose.

El jurado seleccionó dos representantes por región:

Brasil y República Dominicana, por América y el Caribe;
Filipinas y Vietnam, por Asia y Oceanía;
Sudáfrica y Zambia, por África;
Francia y España, por Europa.

Los últimos dos lugares fueron decididos mediante la votación popular abierta durante la transmisión de la final y correspondieron a Eritrea y Nigeria.

Así quedaron las doce. Y aquí llegamos precisamente a una de las controversias que acompañaron las declaraciones posteriores al certamen.

¿Filipinas “debía” pasar sobre Vietnam?

Filipinas había ganado el Head-to-Head de Asia y Oceanía. Vietnam había ganado el Top Model regional. Ambas habían llegado legítimamente al Top 12 y ambas habían destacado previamente en uno de los retos de la competencia.

En esta fase, las candidatas participaron en una ronda de comunicación con preguntas relacionadas con su labor comunitaria, el significado de ser Miss World, la generación de conciencia alrededor de distintas causas y su potencial función como representantes de la organización.

Después de escuchar sus respuestas, correspondía realizar una nueva selección. Entre Brasil y República Dominicana, avanzó República Dominicana. Entre Filipinas y Vietnam, avanzó Vietnam. Entre Sudáfrica y Zambia, avanzó Sudáfrica. Entre Francia y España, avanzó España.

Entre las dos representantes que habían avanzado mediante Beauty With a Purpose, Zimbabwe y Malasia, fue Malasia quien obtuvo el triunfo global del reto. Y entre Eritrea y Nigeria, provenientes de la votación popular de la etapa anterior, avanzó Eritrea.

Así quedó integrado el Top 6: República Dominicana, Vietnam, Sudáfrica, España, Malasia y Eritrea.

Este recorrido resulta particularmente importante para analizar la controversia Filipinas-Vietnam.

Filipinas había ganado Head-to-Head, sí. Pero ese triunfo ya le había otorgado el beneficio previsto dentro del sistema.No significaba que tuviera un derecho adquirido a continuar avanzando independientemente de las evaluaciones posteriores.

Vietnam, por su parte, tampoco había aparecido repentinamente en la competencia: era la ganadora regional de Top Model y había avanzado posteriormente mediante las decisiones previstas para cada corte.

Por eso afirmar que Filipinas “debía” entrar al Top 6 simplemente porque había ganado Head-to-Head confunde dos momentos diferentes de la competencia.

Podemos preferir la respuesta de Filipinas. Podemos considerar que tuvo un mejor desempeño. Podemos incluso decir que nosotros la habríamos elegido sobre Vietnam. Pero ésa es una opinión. El sistema establecía que en esa etapa la decisión correspondía nuevamente a la evaluación realizada durante la competencia.

2026: la fractura organizacional se hace pública

¿Y realmente el Top 3 fue inexplicable?

Una vez conformado el Top 6, las seis candidatas enfrentaron una nueva ronda de comunicación. En esta ocasión recibieron preguntas diferentes y el jurado realizó la selección final.

El Top 3 quedó integrado por:

Joheirry Mola Domínguez, República Dominicana.
Elisabeth Reynés Alabern, España.
Taanusiya Chetty, Malasia.

El resultado final fue:

Miss World 2026: Joheirry Mola Domínguez, República Dominicana. Primera finalista: Elisabeth Reynés Alabern, España. Segunda finalista: Taanusiya Chetty, Malasia.

Y existe un dato que merece especial atención. Ninguna de las tres apareció repentinamente durante la última noche. República Dominicana había ganado Top Model de América y el Caribe. España había ganado Beauty With a Purpose de Europa. Malasia había ganado Beauty With a Purpose de Asia y Oceanía y posteriormente fue seleccionada como ganadora global de Beauty With a Purpose.

Eso no significa que esos triunfos determinaran el resultado final. No lo hacían. Significa algo diferente: las tres habían mostrado previamente fortalezas reconocidas dentro de la propia competencia. Por tanto, podrá gustarnos o no el Top 3, pero difícilmente puede sostenerse que estuvo compuesto por candidatas sin antecedentes competitivos o que aparecieron inexplicablemente en la última etapa.

¿Injusticia o desacuerdo?

Y quizá ésta sea la reflexión más importante de toda la polémica. No estar de acuerdo con un jurado no significa haber demostrado una injusticia.

Para hablar de una irregularidad tendríamos que identificar una regla incumplida, un criterio modificado, un beneficio negado a quien legítimamente lo había obtenido o una ventaja concedida fuera del mecanismo establecido. En cambio, decir: “Para mí Paraguay era mejor”. “Yo habría clasificado a Venezuela”. “Filipinas respondió mejor que Vietnam”, son opiniones perfectamente legítimas. Los seguidores tenemos favoritas, los analistas hacemos pronósticos, los creadores de contenido podemos comparar actuaciones y construir nuestros propios rankings, pero ninguno de nosotros integró el jurado.

El problema aparece cuando nuestra opinión se convierte en una supuesta evidencia y, peor aún, cuando utilizamos para demostrarla una tabla de puntuaciones que nunca formó parte del sistema oficial.

¿Entonces Miss World no puede ser cuestionado?

Por supuesto que sí y hacer esta distinción es fundamental.

Las declaraciones de candidatas sobre las condiciones vividas durante la concentración, la exposición al calor, la tormenta durante una final realizada al aire libre y otros aspectos relacionados con logística y bienestar merecen una revisión independiente.

Son señalamientos distintos y no deberían desestimarse simplemente porque el sistema de clasificación se haya aplicado conforme a lo anunciado.

También existe una discusión perfectamente válida sobre transparencia.

Si una parte tan importante del resultado depende del jurado, sería deseable conocer con mayor claridad qué elementos pondera, cómo evalúa las entrevistas y qué criterios utiliza para distinguir entre candidatas con desempeños competitivos similares.

Se puede discutir incluso si ese modelo debería ser más objetivo, si debería publicar puntuaciones o si la organización tendría que explicar con mayor detalle sus parámetros de evaluación. Todo eso es legítimo. Pero cuestionar la transparencia de un sistema no equivale a demostrar que ese sistema fue alterado. Y tampoco una deficiencia logística demuestra una manipulación de resultados.

Son discusiones diferentes y deberían analizarse como tales.

La responsabilidad también está en quienes comunicamos

Finalmente, existe una reflexión que también nos corresponde a quienes generamos contenido alrededor de los concursos de belleza.

Podemos elaborar rankings. Podemos asignar puntos para nuestros análisis. Podemos hacer pronósticos, comparar desempeños y seleccionar favoritas. Todo eso forma parte de la conversación alrededor de un certamen. Pero debemos dejar perfectamente claro cuándo hablamos de nuestro método de análisis y cuándo hablamos de las reglas oficiales del concurso.

Una tabla creada por un creador de contenido puede ser una herramienta útil para seguir la competencia. Lo que no puede hacerse es convertirla posteriormente en evidencia de que una candidata fue perjudicada porque “tenía más puntos” que otra, cuando esos puntos nunca tuvieron valor dentro del sistema oficial. Porque una tabla creada en redes sociales no se convierte en reglamento simplemente porque se viralice y tampoco podemos cambiar retrospectivamente el valor de un reto porque el resultado final no coincidió con nuestras expectativas.

Analizar no es inventar reglas. Pronosticar no es determinar resultados. Tener una favorita no obliga al jurado a compartir nuestra elección.

Quizá antes de preguntarnos por qué nuestra candidata no clasificó deberíamos hacernos una pregunta mucho más sencilla: ¿Estamos evaluando el resultado con las reglas de Miss World o con las reglas que nosotros mismos construimos?

Porque una cosa es estar en desacuerdo con un resultado. Y otra, muy distinta, es demostrar que fue injusto.

Una invitación a reflexionar antes de cuestionar.

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